Volví a despertarme llorando, aquello empezaba a ser rutina, y no, no me gustaba, pero no podía remediarlo. Abría los ojos y me dolían, estaban rojos, escocían, ya no lloraba ni lágrimas, estaba totalmente seca. No vengo a contaros una historia como las demás, una historia bonita, de las de película, no, yo no vengo a contaros historias de princesas ni nada por el estilo, vengo a contaros mi historia, la de una niña que la única manera de seguir día a día era luchando por mi sueño, era el único motivo por el que cada día despertaba, salir de aquel horrible mundo. Me llamo Elisa, tengo 18 años y no, no soy la típica adolescente que sueña con cosas de crías y es materialista, como ya os he dicho mi historia no es bonita, ni siquiera tiene cosas bonitas, no, mi vida es la que nadie quiere conocer, la que nadie quisiera tener, mi vida es bastante difícil. Mis padres me abandonaron cuando aún era un bebé, me dejaron tirada, y alguien me encontró en la calle. Desde entonces he pasado por 8 casas distintas. No recuerdo bien que pasó en las cinco primeras para que decidieran abandonarme ellos también, aún era muy pequeña, pero si recuerdo las tres siguientes. En la primera me pegaban, y un día logré escaparme. En la segunda mi hermanastro me violó, y cuando sus padres me vieron llorando, con moratones en el cuerpo, e histérica, en vez de echarle a él la bronca, me echaron a mí de casa. Y ahora aquí estoy, en mi octavo hogar. Aquí estoy bien, aquí me cuidan, me dan de comer, me quieren, me compran ropa, y me llevo genial con mi hermanastra, aunque somos totalmente opuestas. Ella es guapa, es alta, es delgada, rubia, de ojos verdes claritos.. es la chica perfecta. No sólo por su físico, sino por su forma de ser. Patricia no sólo era mi hermanastra, aunque para mí era mi hermana más bien, también era mi mejor amiga.
Patricia y yo nos llevábamos a la perfección, una mirada servía para entender lo que la otra quería decir, y las risas con ella estaban aseguradas. El único problema es que ella es la popular del colegio, la que todos adoran, la que todo el mundo quiere, y yo soy la apartada, la marginada social, la fea de las dos, la hermanastra, la que siempre quedaba en un segundo plano.. Eso sí, jamás en todos los años que llevamos juntas me ha dado de lado. Siempre me ha reconocido como su hermana, me ayudaba en todo momento, me presentaba gente, me llevaba a fiestas con ella.. pero yo nunca he querido salir. Tengo mil complejos, nunca me ha gustado mi cuerpo, y siempre me escondo en millones de camisetas para sentirme mejor. No, no me gusto. Era muy difícil mirarme en el espejo. Mi vida, hasta ahora, la odiaba, completamente, no, no me gustaba. De hecho, ya había intentado varias veces suicidarme.. pero siempre aparecía Patricia, y lo cambiaba todo, hacía que viera las cosas de distinta manera.
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